jueves, 15 de mayo de 2014

EL VIENTO SE LEVANTA (KAZE TACHINU, 2013, HAYAO MIYAZAKI)


Desde la serie Lupin (Rupan sansei, 1971-1972) hasta su último filme, El viento se levanta (Kaze Tachinu, 2013), Hayao Miyazaki se ha revelado de forma continuada referente indiscutible para el cine de animación internacional. Once largometrajes, cuatro series de televisión y varios cortometrajes, sin olvidarnos de su labor como productor, o de su profunda influencia en numerosas películas anime de las últimas décadas, confirman el ingenio y la capacidad creativa de quien puede ser considerado uno de los mejores realizadores japoneses en activo, junto a Hirokazu Koreeda y Nobuhiro Suwa (que acostumbran a mantener cierta constancia cualitativa), pero en todo caso muy por encima del demasiado irregular Takeshi Kitano, o del en ocasiones interesante, pero también muy a menudo irritante, cine de Takashi Miike.

Miyazaki retratado junto a varias de sus criaturas

Clásicos del cine en general pueden ser considerados a estas alturas films como la excelente El viaje de Chihiro (Sen to Chihiro no kamikakushi, 2001), las notables Nausicaä del valle del viento (Kaze no tani no Naushika, 1984), Mi vecino Totoro (Tonari no Totoro, 1988), La princesa Mononoke (Mononoke-hime, 1997), El castillo ambulante (Hauru no ugoku shiro, 2004) y Ponyo en el acantilado (Gake no ue no Ponyo, 2008), o la divertida Porco Rosso (Kurenai no buta, 1992), apreciable y muy personal obra del cineasta, aunque en mi opinión inferior en resultados a las otras mencionadas.


No me cabe la menor duda de que El viento se levanta es uno de los films clave del presente año. Durante sus ajustadas dos horas de metraje Miyazaki hace gala una vez más de su elegancia y transparencia en la puesta en escena (de raíz clásica), de su dominio del tempo narrativo (más reposado o más intenso según lo requieran los acontecimientos de la historia), y de su habilidad para manejar de forma expresiva y dramática el color y la iluminación. Aunque el grueso de películas que componen la filmografía del realizador se ha caracterizado por la imaginación que tiene este para describir universos fantásticos, cuando no directamente oníricos, resulta estimulante que Miyazaki haya decidido clausurar su filmografía con un film de registro incuestionablemente más realista y serio, pese a que desde sus primeras imágenes y a lo largo de su metraje se alternen con cierta constancia las secuencias que retratan las vivencias reales de Jirô Horikoshi, un ingeniero aeronáutico, con algunas ensoñaciones que describen las inquietudes o temores íntimos del protagonista.


Tan solo cabe lamentar que, para la ocasión, y pese a entregar una notable última película, Miyazaki no de desmarque totalmente del grueso del cine de animación, y se revele demasiado acomodaticio y conservador a la hora de describir la complejidad de las emociones que conducen a su protagonista (inspirado en un personaje real) a vivir obcecado en diseñar uno de los más mortíferos cazas de guerra de la historia, el Mitsubishi A6M “Zero”, lo que no es precisamente poco para un ser humano. Tal vez sea esta la única limitación importante que impide al cineasta redondear su propuesta.



De todo ello hablo más extensamente en la Panorámica que la revista digital Transit: cine y otros desvíos ha dedicado oportunamente al film de Miyazaki.




CLINT EASTWOOD Y EL WESTERN (INFIERNO DE COBARDES/ EL FUERA DE LA LEY/ EL JINETE PÁLIDO/ SIN PERDÓN)


A punto de cumplir 84 años el próximo 31 de mayo, Clint Eastwood demuestra una vez más ser un cineasta de cuidado. Cuando parecía haber relajado un poco su ritmo de producción -pues su último film, Más allá de la vida (Hereafter, 2010), se estrenó en España hace ya tres años, a principios de 2011-, se anuncia el estreno inminente (20 de junio en Estados Unidos y 5 de septiembre en España) de Jersey Boys, su nuevo musical, al mismo tiempo que comienza el rodaje del que será su próximo film, American Sniper (con estreno previsto para 2015), en el que se narrará la historia, con final trágico, de Chris Kyle, conocido por ser el francotirador más letal de la milicia americana.

Clint Eastwood dirigiendo Sin perdón


Contabilizando las dos últimas, un total de 34 películas acreditan la importancia de un cineasta cuya trayectoria atraviesa ya más de cuatro décadas de cine americano (y un total de seis si tenemos en cuenta su labor como actor). Una buena ocasión que un servidor ha aprovechado para trazar un recorrido por los cuatro westerns dirigidos por Eastwood hasta la fecha, lo que permite analizar igualmente algunas de las constantes estilísticas y temáticas que invaden todo su cine. Se trata de la notable Infierno de cobardes (High Plains Drifter, 1973), la interesante El fuera de la ley (The Outlaw Josey Wales, 1976), la excelente El jinete pálido (The Pale Rider, 1985) y la magistral Sin perdón (Unforgiven, 1992).



Solo por el nivel exhibido en estas cuatro películas, la importancia de Eastwood para el cine contemporáneo ya quedaría fuera de toda duda, pero si a las mismas sumamos enérgicos films de acción como Ruta suicida (The Gauntlet, 1977), obras tan personales y particulares como Bronco Billy (ídem, 1980), retratos de músicos de country y jazz tan contundentes y viscerales como los plasmados en la notable El aventurero de medianoche (1982) o la espléndida Bird (ídem, 1988) - tal vez la obra maestra del realizador junto a Sin perdón-, o obras tan diferentes, estimulantes y logradas como Un mundo perfecto (A Perfect World, 1993), Mystic River (ídem, 2003), Million Dollar Baby (2004), el díptico bélico Banderas de nuestros padres (Flags of Our Fathers, 2006) y Cartas desde Iwo Jima (Letters from Iwo Jima, 2006), El intercambio (Changeling, 2008) o Gran Torino (ídem, 2008), entonces la importancia del cineasta deviene francamente indiscutible: sin salirnos del contexto del cine norteamericano actual, tan solo realizadores veteranos como Francis Ford Coppola, Martin Scorsese, Steven Spielberg, Brian de Palma, y tal vez algún otro que me dejo en el tintero, disponen de filmografías que puedan situarse a la altura de la de nuestro hombre.




Con considerable retraso por mi parte, pues el artículo fue debidamente publicado varias semanas atrás, doy aviso en este blog de la Re/visión que la revista digital Transit: cine y otros desvíos ha dedicado al cine de género western de Clint Eastwood.




martes, 31 de diciembre de 2013

BUSCANDO AL SEÑOR GOODBAR (LOOKING FOR MR. GOODBAR, 1977, RICHARD BROOKS)


Título Original: Looking for Mr. Goodbar
Año: 1977
Nacionalidad: EE.UU.
Duración: 136 min
Director: Richard Brooks
Guión: Richard Brooks, basado en la novela de Judith Rossner
Actores: Diane Keaton, Tuesday Weld, William Atherton, Richard Kiley, Richard Gere, Alan Feinstein


Sinopsis: Theresa Dunn es una joven treintañera que lleva una doble vida. Si durante el día ejerce como afable y paciente profesora de niños sordomudos, de noche Theresa visita continuamente los tugurios nocturnos de su ciudad con el afán de encontrar en ellos música, alcohol, sexo, drogas y cualquier otro elemento que le permita divertirse y evadirse de sus problemas cotidianos. Aunque parte de su actitud parece nacer como visceral reacción a un ambiente familiar asfixiante y restrictivo, a causa de las reglas que impone su padre, un hombre religioso y conservador, lo cierto es que Theresa arrastra otro tipo de frustraciones, de tipo sexual y emocional, para las que no parece encontrar ninguna solución en sus continuas relaciones esporádicas con todo tipo de hombres. Cuando Theresa decida que para ordenar su existencia debe abandonar de una vez por todas su sórdida vida nocturna, tal vez sea demasiado tarde.


Varias son las películas de Richard Brooks que permiten otorgar a este un lugar de gran relevancia dentro del cine norteamericano de los años 50, 60 y 70. Probablemente sean Deadline U.S.A. (1952), El fuego y la palabra (Elmer Gantry,1960), Lord Jim (1965), Los profesionales (The Professionals,1966), A sangre fría (In Cold Blood,1967) y Buscando al señor Goodbar las películas más relevantes de su filmografía, aunque de todas ellas la menos conocida sea precisamente esta última. Si algo queda puesto de manifiesto a través de este conjunto de obras es precisamente la admirable capacidad de Brooks para mudar de piel continuamente, transitando por el thriller, el cine negro, el drama religioso, el cine de aventuras (con componente existencial), el western (con discurso político), y el drama generacional con una habilidad francamente envidiable. Cada uno de los films mencionados ha devenido referente inexcusable del cine de su época, aunque el último de ellos todavía no se haya reivindicado lo suficiente. Pues bien, Buscando al señor Goodbar es uno de los retratos generacionales más duros y contundentes que conozco, también uno de los más afinados en sus observaciones y desprovistos de prejuicios en torno a sus personajes: Theresa Dunn tal vez no sea la mejor persona posible, pero tampoco los que le rodean se quedan cortos en sus defectos, aunque en ningún caso Brooks caiga en la tentación de emitir juicios soberanos acerca de ellos, pues el ser humano perfecto no existe y todos tenemos nuestras lacras. 

El realizador norteamericano Richard Brooks

A través de las desventuras nocturnas de Theresa, el realizador retrata con gran lucidez el desencanto de una sociedad determinada en una época muy concreta (la norteamericana de los años setenta), pero el discurso del film no solo no se ha visto perjudicado por el paso de los años, sino que el tiempo parece haber jugado a favor del mismo, ya que no cuesta demasiado ver reflejado en las hirientes imágenes de Buscando al señor Goodbar el estado actual de las cosas, en el que la globalización y el colapso de las sociedades capitalistas juegan un papel determinante en la vida de las personas. Al margen de su contenido narrativo, lo cierto es que las formas del film de Brooks se revelan a estas alturas harto modernas, tanto por la estructura narrativa del relato (fragmentario, veloz, con constantes saltos entre la realidad y el sueño), como por la audaz puesta en escena del realizador, tal vez la más rica y sugerente de toda su filmografía. 

En definitiva, una película indispensable a la que he dedicado una re/visión en la revista digital Transit: cine y otros desvíos. Lamento avisar en este blog con tanta demora, pues este artículo se publicó varias semanas atrás, pero varios compromisos me han tenido ocupado desde entonces sin dejarme ni tan solo el poco tiempo necesario para hacerlo con puntualidad. Como se suele decir, más vale tarde que nunca. Los interesados en conocer el film de Brooks pueden visitar el siguiente enlace: 


lunes, 8 de julio de 2013

REVISIÓN WALTER HILL


Si el único contacto que uno ha establecido con la filmografía de Walter Hill ha sido precisamente a través de sus largometrajes de los años ochenta, entonces uno puede llegar injustamente a la conclusión de que no es necesario acercarse al resto de la obra del realizador californiano: ciertamente, nada especialmente memorable puede encontrarse en films como Límite: 48 horas (48 Hrs., 1982), Calles de fuego (Streets of Fire, 1984), El gran despilfarro (Brewster´s Millions, 1985), Cruce de caminos (Crossroads, 1986), Traición sin límites (Extreme Prejudice, 1987), Danko: Calor rojo (Red Heat, 1988), Johnny el Guapo (Johnny Handsome, 1989), o en el que quizá sea el más lamentable de sus largometrajes, 48 horas más (Another 48 Hrs., 1990).

El cineasta Walter Hill

Pero si se repasa el conjunto de diecinueve films que Hill ha dirigido hasta la fecha -veinte si incluimos Supernova (2000), que Hill firmó con el pseudónimo Thomas Lee-, uno puede encontrarse con varias y agradables sorpresas, que otorgan una dimensión y un interés mayores al cineasta, aunque difícilmente pueda encontrarse una sola obra en su haber a la que calificar con consistencia de magistral o excepcional. Conviene no engañarse: las pretensiones artísticas de Hill siempre han sido muy humildes, pero este factor no ha impedido que en sus mejores obras aquel haya demostrado una habilidad nada despreciable para practicar un cine de acción directo, puro y muy honesto, que en la actualidad cuesta poco situar muy por encima de los exponentes del género que llegan masivamente a las salas semana tras semana. Los cinco primeros films de Hill, que son también los que mejor han soportado el paso del tiempo, definen con transparencia y sencillez las constantes del cine del realizador: El luchador (Hard Times, 1975), The Driver (1978), The Warriors: los amos de la noche (The Warriors, 1979), Forajidos de leyenda (The Long Riders, 1980) y La presa (Southern Comfort, 1981) pueden ser vistas en la actualidad como referentes clásicos del cine de acción, pese a que cada una de ellas coqueteé a su manera con otros géneros, bien sea el western, el cine bélico o el thriller urbano.

Uno de los últimos trabajos interesantes de Hill, Wild Bill (1996)

Una vez superado el bache cualitativo que, a mi modo de ver, sufre el cineasta durante la década de los ochenta, lo cierto es que en las dos décadas posteriores este consigue recuperar el pulso narrativo de su obra precedente y ofrece algunos films dignos de estima, siempre en el territorio del western,  como el curioso El último hombre (Last Man Standing, 1996) o muy especialmente el notable Wild Bill (1995), además de un par de estimables obras para televisión, también del mismo género: la serie Deadwood (2004-2006) y la miniserie Los protectores (Broken Trail, 2006).

En cualquier caso, comento más extensamente la filmografía de este interesante aunque irregular cineasta en un artículo recientemente publicado en Transit: cine y otros desvíos.




domingo, 23 de junio de 2013

TRILOGÍA DE APU (LA CANCIÓN DEL CAMINO - EL INVENCIBLE - EL MUNDO DE APU), DE SATYAJIT RAY


Título Original: Pather Panchali/ Aparajito/ Apur Sansar
Año: 1955/ 1956/ 1959
Nacionalidad: India
Duración: 119 min/ 110min/ 105 min
Director: Satyajit Ray
Guión: Satyajit Ray, según las novelas de Bibhutibhushan Bandyopadhyay
Actores: Kanu Bannerjee (Harihar, el padre), Karuna Bannerjee (Sarbojaya, la madre), Subir Bannerjee (Apu niño), Runki Bannerjee (Durga, la hermana), Chunibala Devi (Indir Thakrun, la abuela), Smaran Ghosal (Apu adolescente), Soumitra Chatterjee (Apu adulto), Sharmila Tagore (Aparna, la esposa), Swapan Mukherjee (Pulu, el hijo)

El cineasta indio Satyajit Ray


Los años 50 son para el cine, indiscutiblemente, una década prodigiosa. Sin ir más lejos, en 1955 coinciden en ver la luz filmes tan extraordinarios como Noche y niebla (Nuit et brouillard) de Alain Resnais, El quinteto de la muerte (The Ladykillers) de Alexander Mackendrick, Atrapa a un ladrón (To Catch a Thief) de Alfred Hitchcock, El hombre de Laramie (The Man from Laramie) de Anthony Mann, La palabra (Ordet) de Carl Theodor Dreyer, La noche del cazador (The Night of the Hunter) de Charles Laughton, Sólo el cielo lo sabe (All That Heaven Allows) de Douglas Sirk, Almas sin conciencia (Il bidone) de Federico Fellini, Los contrabandistas de Moonfleet (Moonfleet) de Fritz Lang, Tierra de faraones (Land of the Pharaohs) de Howard Hawks, Sonrisas de una noche de verano (Sommarnattens leende) de Ingmar Bergman, Wichita (ídem) de Jacques Tourneur, La emperatriz Yang Kwei Fei (Yokihi) de Kenji Mizoguchi, La pradera sin ley (Man Without a Star) de King Vidor, y un largo etcétera más. En fin, una cosecha internacional que habla por sí sola, y a la que habría que añadir obligatoriamente el debut como realizador de un por aquel entonces joven nacido en la India, Satyajit Ray (1921-1992), con el filme La canción del camino (Pather Panchali).

La canción del camino

Ray, que no carecía de talento ni de ambición, inició con su ópera prima una trilogía -completada con El invencible (Aparajito, 1956) y El mundo de Apu (Apur Sansar, 1959)- en la que, adaptando una serie de novelas de Bibhutibhushan Bandyopadhyay, narraba las experiencias vitales y artísticas de su protagonista, Apu. 
En estos tres filmes el espectador contempla el ciclo vital de su protagonista, desde el preciso instante de su nacimiento hasta que alcanza la edad adulta y él mismo se convierte en padre de otra criatura, un niño al que llamará Pulu. Un ciclo vital perfectamente reconocible para cualquier ser humano, y que, como deja claro Ray con esta estructura narrativa, se renueva incesantemente. La trilogía se revela una obra magnífica y universal, constantemente atenta a los detalles más nimios, plena de hallazgos de puesta en escena y de sugerencias visuales y sonoras. Ciertamente, el realizador empezó pletórico su andadura en la profesión, y antes de acabar la década entregó otro filme imprescindible, El salón de música (Jalsaghar, 1958). Si dentro del cine japonés existen cuatro realizadores que brillan por encima de todos los demás (Naruse, Mizoguchi, Ozu y Kurosawa), en lo referente al cine de la India Ray continúa siendo el cineasta de referencia, seguido a cierta distancia por Ritwik Gathak y Bimal Roy.

El mundo de Apu

De la Trilogía de Apu hablo extensamente en un texto, recientemente publicado en la sección re/visiones de la revista digital Transit: cine y otros desvíos, que se puede leer en el siguiente enlace:


jueves, 4 de abril de 2013

PARSIFAL (1969, DANIEL MANGRANÉ)

Título Original: Parsifal
Año: 1951
Nacionalidad: España
Duración: 95 min
Director: Daniel Mangrané y Carlos Serrano de Osma
Guión: Daniel Mangrané (Argumento), Carlos Serrano de Osma (Adaptación), Francisco Naranjo (Continuidad), José Antonio Pérez Torreblanca (Diálogo). Versión libre de los antiguos poemas y leyendas del Santo Grial y del Festival Sagrado de Richard Wagner.
Actores: Gustavo Rojo, Ludmilla Tchérina, Félix de Pomés, Jesús Varela, Ángel Jordán, Alfonso Estela


Sinopsis: En el siglo V España es invadida por los bárbaros y en las filas de estos tiene lugar un enfrentamiento entre el arquero Roderico y otro guerrero llamado Klingsor. Las diferencias entre ambos hombres se dirimirán en un combate con espada en el que Roderico vencerá inicialmente a Klingsor, pero aquel cometerá el imprudente error de perdonar la vida y dar la espalda a su rival, circunstancia que será vilmente aprovechada por el mismo para acuchillar mortalmente a Roderico. Seguidamente, Klingsor eliminará al líder de los bárbaros, y se proclamará nuevo caudillo del ejército bárbaro. La embarazada mujer de Roderico huirá a las montañas y en ellas dará a luz a un niño. Años después, la mujer morirá trágicamente mientras busca alimento para su pequeño, que quedará huérfano y será adoptado a partir de entonces por una perra salvaje. El hijo de Roderico crecerá en las montañas, alejado de la barbarie de la civilización, hasta convertirse en todo un hombre, y un buen día este se encontrará con Anfortas y otro Caballero del Grial, recibiendo de los mismos el nombre de Perceval y la misión de unirse a ellos en la búsqueda del Santo Grial. Mientras se dedica a la tarea encomendada, el destino conducirá los pasos de Perceval nuevamente hasta Klingsor, el cruel y destructivo asesino de su padre. Un enfrentamiento decisivo entre ambos hombres tendrá lugar, adquiriendo este un valor simbólico, al ser Perceval el representante de la pureza y la bondad, y Klingsor la viva imagen de la avaricia y la maldad.



Numerosas y diversas han sido las adaptaciones cinematográficas que hasta el momento han tenido las legendarias aventuras del rey Arturo y sus Caballeros de la Mesa Redonda. Desde Los caballeros del rey Arturo (Knights of the Round Table, Richard Thorpe, 1956) hasta El rey Arturo (King Arthur, Antoine Fuqua, 2004), pasando por la que tal vez sea la más popular de todas, Excalibur (ídem, John Boorman, 1981). Todas ellas derivadas, en mayor o menos medida, de la interpretación que de los mitos dio Sir Thomas Malory (1399/1405-1471) en el conocido libro La muerte de Arturo. Por su parte, el caballero Lanzarote del Lago asumía el protagonismo de la tradicional La espada de Lancelot (Lancelot and Guinevere, Cornel Wilde, 1963) o de la perfectamente olvidable El primer caballero (First Knight, Jerry Zucker, 1995), sin dejarnos en el tintero un extraordinario film del gran Robert Bresson: Lancelot du Lac (1974).

Precisamente la obra de Bresson, alejada por completo de los parámetros del cine convencional, me permite introducir las igualmente peculiares, eclécticas y atractivas traslaciones al cine que han tenido las peripecias del otro personaje clave de los Caballeros de la Mesa Redonda, Perceval: Perceval le Gallois (Eric Rohmer, 1978) -inspirada en la novela inacabada de Chrétien de Troyes (1135-1190)-, Parsifal (Hans-Jürgen Syberberg, 1983), y por supuesto la película a la que dedico un artículo en la sección Re/visiones de la revista digital Transit: cine y otros desvíos, nada menos que Parsifal (1951), la ópera prima de un desconocido realizador catalán, Daniel Mangrané, que lamentablemente y pese a su interés ha quedado bastante sepultada y olvidada por el paso de los años, y que, francamente, merecería al menos ser recuperada en óptimas condiciones bien en pases de Filmoteca, o bien en (improbables) ediciones domésticas en formato DVD o Blu-Ray. Tanto el film de Syberberg como el de Mangrané apoyan su audacia conceptual en la ópera homónima de Richard Wagner, que este concibió en 1857 pero que sólo logró completar 25 años más tarde, en 1882. 

De momento, quien haya visto despierta su curiosidad por el film de Mangrané puede pasarse por el enlace que encontrará tras estas líneas, en el que hallará un texto en el que analizo algunas de las características narrativas y formales más acusadas de una obra cinematográfica ciertamente anómala.



sábado, 9 de febrero de 2013

ESPECIAL "MOMENTOS TEEN", EN TRANSIT: CINE Y OTROS DESVÍOS


La revista online Transit: cine y otros desvíos acaba de publicar, dividido en dos partes, un dossier especial titulado Momentos teen. En su interior el lector interesado encontrará un curioso mosaico, compuesto por una amplia selección de filmes, de las experiencias, sensaciones, decisiones o anhelos más habituales que acostumbra a experimentar cualquier ser humano durante su etapa adolescente. Una etapa vital decisiva que ha sido retratada por el cine en multitud de ocasiones, y que durante los años ochenta prácticamente se convirtió en un género en si mismo gracias a una ingente cantidad de títulos, de nacionalidad fundamentalmente norteamericana que, con el paso de los años, han ido generando un creciente culto entre los aficionados y algunos sectores críticos. El especial de Transit no se detiene exclusivamente en esa significativa década, sino que traza una panorámica que inicia su recorrido con Wild Boys of the Road (William A. Wellman, 1933) y concluye en la reciente producción francesa L´âge atomique (Héléna Klotz, 2012).


La selección completa de títulos, en su orden cronológico, y de colaboradores, es la siguiente: Wild Boys of the Road, a cargo de un servidor; Rebelde sin causa (Rebel Without a cause, Nicholas Ray, 1955), por Sergi Sánchez; Ariane (Love in the Afternoon, Billy Wilder, 1957) por Albert Elduque; Polo de limón (Eskimo Limon, 1978) y su remake El último americano virgen (The Last American Virgin, 1982), ambas dirigidas por Boaz Davidson y comentadas por Pablo Vázquez; La mujer del aviador (La femme de l´aviateur, Éric Rohmer, 1981), por Antoni Peris i Grao; Aquel excitante curso (Fast Times at Ridgemont High, Amy Heckerling, 1982), por Girish Shambu; El sur (Víctor Erice, 1983), por Carlos Losilla; El club de los cinco (The Breakfast Club, John Hughes, 1985), por Cristina Álvarez López; La leyenda de Billie Jean (The Legend of Billie Jean, Matthew Robbins, 1985), por Yusef Sayed; Belleza robada (Stealing Beauty, Bernardo Bertolucci, 1996), por Sarinah Masukor; Nunca me han besado (Never Been Kissed, Raja Gosnell, 1999), por Adrian Martin; Ghost World (Terry Zwigoff, 2001), por Stephanie Van Schilt; Loca aventura (Happy Campers, Daniel Waters, 2001), por Toni Junyent; Supersalidos (Superbad, Greg Mottola, 2007), por Ricardo Adalia Martín; Roller Girls (Whip it, Drew Barrymore, 2009), por Sergio Morera; Confessions (Kokuhaku, Tetsuya Nakashima, 2010); Snowtown (Justin Kurzel, 2011); Abrir puertas y ventanas (Milagros Mumenthaler, 2011), y por último L´âge atomique (Héléna Klotz, 2012), a cargo de Daniel de Partearroyo.


Los editores de la revista presentan el especial con las siguientes palabras: 

"Porque Transit quiere rendir homenaje al universo inagotable de las teen movies, un género que no ha gozado de la repercusión crítica que merece, hemos decidido embarcarnos en el especial “Momentos teen”. En él se dan cita una veintena de textos que serán publicados colectivamente, en dos bloques, a lo largo de esta semana.
De la evocación al análisis, de la autobiografía a la celebración, de la profundidad al deleite… Las aproximaciones de quienes han participado en este proyecto presentan tonos y enfoques muy distintos, pero también trazan líneas que convergen en puntos inesperados dibujando sorprendentes conexiones entre ciertas películas.
El resultado final puede leerse como un álbum de fragmentos escogidos, como una colección de escenas íntimas, como un mosaico de momentos suspendidos en el aire que tratan de capturar algo intrínsecamente teen: ese sentimiento adolescente…"


Acompañando el dossier también se ha publicado un extenso ensayo de Adrian Martin en el que el autor reflexiona en torno a los usos y costumbres propias del género teen, el cual conoce en profundidad, y por el que siente, en sus propias palabras, "una fascinación que dura ya casi más de treinta años".
Antes de pasar a los enlaces que conducirán a los textos, quiero agradecer el esfuerzo y dedicación que han puesto en el empeño Cristina Álvarez López y el propio Adrian Martin. Cristina coordinando y editando todos los textos del especial, por un lado, y por el otro traduciendo al castellano todos los textos escritos en inglés, y Adrian Martin, por su parte, con la labor inversa, es decir traduciendo al inglés todos los textos escritos en castellano. Agradezco también a Adrian que se haya tomado la libertad de identificar en mi texto el titulo de una canción, We´re in the money, a la que aludo explícitamente en el mismo pero de la cual desconocía por completo su popularidad.


A continuación, los enlaces: