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domingo, 3 de febrero de 2013

PASSION (EN PASSION, 1969, INGMAR BERGMAN)

Título Original: En passion
Año: 1969
Nacionalidad: Suecia
Duración: 101 min
Director: Ingmar Bergman
Guión: Ingmar Bergman
Actores: Max von Sydow, Liv Ullmann, Bibi Andersson, Erland Josephson, Erik Hell, Sigge Fürst


Sinopsis: Andreas Winkelman vive voluntariamente en soledad como consecuencia de la profunda depresión que arrastra tras una reciente ruptura matrimonial. Su reclusión se verá alterada tras un primer encuentro, un día, con Anna Fromm, una mujer que se acercará hasta la casa de Andreas con la necesidad de utilizar su teléfono particular para realizar una llamada urgente. Poco después, y para corresponder a su amabilidad, Andreas será invitado a una cena en casa del matrimonio formado por Elis y Eva Vergerus, amigos de Anna. Los cuatro iniciarán una relación, inicialmente amistosa, que progresivamente se irá tornando más compleja y amarga de lo que las apariencias permitían prever: cada uno arrastra a su manera una serie de frustraciones y humillaciones personales, cuyos efectos en su comportamiento social les condiciona continuamente a provocar o ser víctimas de enfrentamientos en los que desempeñará un papel fundamenta la violencia física y/o psicológica. A todo esto, la vida en la isla en la que viven los personajes se tornará más inquietante, a causa de los continuos e incomprensibles actos de violencia contra animales perpetrados por un loco al que las autoridades no consiguen desenmascarar.

El cineasta sueco Ingmar Bergman


A lo largo del pasado mes de enero, la revista online Transit: cine y otros desvíos ha venido publicando, a ritmo de uno por semana, una total de cinco artículos que conforman un dossier especial titulado Los animales y el cine. El contenido general que se puede encontrar en estos textos queda resumido de la siguiente manera por los editores de la revista: "Desde los estudios de movimiento de Étienne-Jules Marey hasta la bestialidad del "Merde" de Leos Carax, lo animal ha estado presente en la Historia del Cine. No es, en ningún caso, una presencia anecdótica, pues son muchos los cineastas (Charles Laughton, Jean Painlevé, Charles Chaplin, Béla Tarr, John Ford, Pablo Berger, Philippe Grandrieux, ect.) que la han tenido en consideración en sus películas y reflexiones. Por todo ello, nos acercamos a aquí a esta cuestión y lo hacemos desde cinco miradas variopintas y complementarias. Este especial, que se irá completando durante enero de 2013, no busca ser un estudio exhaustivo, pero sí confía en despertar la curiosidad del lector sobre lo animal en el cine; un campo apasionante de estudio todavía en vías de exploración".

Mi contribución a este especial ha consistido en un extenso texto que analiza la importancia (formal, psicológica, filosófica) que adquieren en el desarrollo narrativo de Pasión la presencia puntual de ciertos animales. Una presencia que es también un recurso expresivo que permite al cineasta sueco aumentar la complejidad del discurso que le motiva, que no es otro que lanzar, una vez más en su carrera, una excepcional, demoledora y pesimista mirada al comportamiento del ser humano contemporáneo. 

A continuación dejo, por riguroso orden de publicación, los enlaces que conducirán a cada uno de los artículos que componen este especial.









viernes, 23 de julio de 2010

LA CARRETA FANTASMA (KÖRKARLEN, 1921, VICTOR SJÖSTRÖM)

Título Original: Körkarlen
Año: 1921
Nacionalidad: Suecia
Duración: 107 min.
Director: Victor Sjöström
Guión: Selma Lagerlöf y Victor Sjöström
Actores: Victor Sjöström, Hilda Borgström, Tore Svennberg, Astrid Holm, Concordia Selander, Lisa Lundholm

Sinopsis: Edit, una joven salvacionista que se encuentra al borde de la muerte a causa de la tuberculosis, pide a su compañera Maria que busque a un tal David Holm y lo traiga junto su lecho de muerte. Tras una larga búsqueda, Maria, con la ayuda de un hombre llamado Gustaffson, encuentra a David emborrachándose junto a un par de tipos en el cementerio. David escucha la petición de la mujer pero se niega a acudir junto a Edit; acto seguido tiene lugar una pelea entre David y sus compañeros, que pretenden obligarle a acudir junto a la mujer, y David cae fulminado encima de una lápida. Una carreta fantasma viene a recogerle, conducida por Georges, un amigo de David que murió la Nochebuena del año anterior a las 12 en punto de la noche. David, que también ha muerto a la misma hora y en la misma noche del año, tiene que relevar a Georges al mando de la carreta y recoger las almas de los muertos durante un año, pero le pide a Georges una última oportunidad para redimir su comportamiento.


El cine mudo es, a fecha de hoy, el cine más olvidado de todos. Resulta triste constatar esto cuando cineastas, críticos y aficionados le deben tanto: en realidad, todo. Hay olvidos y “olvidos”, y en este sentido uno de los más preocupantes es el que afecta a Victor Sjöström, uno de los directores suecos (y del cine mundial) más importantes de la historia del cine. A él se deben títulos tan extraordinarios y imprescindibles como “Los Proscritos” ( Berg-Ejvind och hans hustru, 1918), “El que recibe el bofetón” (He Who Gets Slapped, 1924), “La Letra Escarlata” (The Scarlet Letter, 1926), “El Viento” (The Wind, 1928), o la que película que centra nuestra atención en esta ocasión, “La Carreta Fantasma” (Körkarlen, 1921). Estas películas, junto a otras también interesantes, como “Ingeborg Holm, 1913”, “The Sea Vultures, 1916”,"The Monastery of Sendomir, 1920”, o dos de sus cinco únicas películas sonoras : la apreciable “Markurells I Wadköping, 1931” y la algo acartonada película de aventuras “Under the Red Robe, 1937”, pudieron verse hace unos años en un ciclo dedicado al cineasta por la Filmoteca de Catalunya que comprendía un total de 23 títulos.


Para “La Carreta Fantasma”, Victor Sjöstrom y Selma Lagerlöf concibieron una estructura narrativa verdaderamente compleja. Veamos: Edit (Astrid Holm), una joven que pertenece al cuerpo salvacionista, agoniza en la cama como consecuencia de la tuberculosis, y pide a una amiga que le traiga junto a ella a un tal David Holm (Victor Sjöström). El objetivo de Edit, como descubriremos más avanzado el metraje, es salvar el alma de David. La primera aparición de este personaje, David Holm, propicia un despliegue de pequeñas historias que contienen en su interior a personajes que a su vez narran otras historias, y así sucesivamente, hasta alcanzar un verdadero grado de complejidad. Si a esta forma narrativa particularmente enrevesada le añadimos que algunas de esas historias son narradas por personajes vivos, otras por personajes moribundos, y otras por personajes muertos, y que, pese a todo, todas las historias breves hacen avanzar a la película hacia una única conclusión, que no es otra que el clímax lógico que desvela la salvación o perdición del alma de David, entonces convendremos que la película es mucho más compleja en su armazón estructural que la mayor parte de películas actuales.


Llegados a este punto es casi obligado mencionar otras películas del período mudo con las que la película de Sjöström mantiene parecidos razonables en lo que a estructuras narrativas se refiere; películas tan ilustres como “Intolerancia” (Intolerance, 1916, David Wark Griffith), o dentro del cine fantástico, puro o tangencial, films como “Páginas del libro de Satán” (Blade af Satans Bog, 1921, Carl Theodor Dreyer), “Las Tres Luces” (Der Müde Tod, 1921, Fritz Lang), o “La Brujería a través de los tiempos” (Haxän”, 1922, Benjamin Christensen).

El primer plano de la película, con Edit languideciendo en la cama, y que Sjöström filma recurriendo a un iris que parte de un primer plano de la chica y se abre progresivamente hasta desvelar el encuadre por completo, dota a la película de un carácter fúnebre, y es importante tener en cuenta que este tono narrativo tiene una adecuada correspondencia en los diversos narradores que tiene la película: Edit es una moribunda; David Holm empieza a contar algunas historias cuando aún esta vivo y posteriormente lo hará una vez muerto; Georges (Tore Svennberg), un amigo de David, está muerto, pues justo un año antes se convirtió en el conductor de la carreta que se lleva las almas de los muertos. Sumandose a esto, los guionistas de la película escogen una época del año tan concreta como es la Nochebuena para transmitir al espectador una atmósfera abierta a lo extraño, a lo impredecible, pues los seres humanos, más allá de creencias religiosas, siempre han atribuido a determinadas fechas del calendario unos atributos casi mágicos. Y en tercer lugar, los espacios y los personajes retratados pertenecen a un clase social con dificultades económicas y más bien pocos lujos, por lo tanto la historia irá encaminada a narrar una superación personal, o en su defecto, el fracaso de ese intento.


La cadena de historias dentro de la historia principal da comienzo en un espacio extrañamente apropiado, dada la naturaleza de las mismas: sentados sobre las lápidas de un cementerio, David y otros dos hombres beben alcohol animadamente. David mira al reloj situado justo detrás de ellos: son las 23:40 en la noche de Nochebuena, y David cuenta una historia que tiene como protagonista a un amigo suyo, Georges, que como hemos dicho líneas atrás, falleció el año anterior. El relato empieza con una secuencia que presenta a un Georges animado y simpático que mantiene una conversación con David. Sjöström funde a negro, y una elipsis de tiempo nos lleva a la Nochebuena del año anterior con respecto al tiempo narrativo presente de la película; Georges es ahora otro hombre, temeroso y asustadizo, no parece quedar nada de la alegría anterior. Veamos como filma Sjöström el momento que lo cambia todo para este personaje: el primer plano de la secuencia es un plano medio de Georges, solo y apoyado en la pared en una esquina de una habitación; su expresión delata nervios y aprensión. El plano que viene a continuación es un plano de conjunto de los amigos de Georges, sentados a una mesa, bebiendo y jugando a cartas. Entre ellos se encuentra David, que está sentado de espaldas a George y se gira para observarle: nadie parece entender que pasa por la cabeza de George. El tercer plano de la secuencia muestra, en la mitad izquierda del encuadre y en primer término de la imagen, a los jugadores sentados alrededor de la mesa, y en la mitad derecha y en segundo término a Georges, aislado en su rincón. El encuadre, con dos términos visuales separados en la imagen, aumenta espacialmente la sensación de aislamiento del personaje con respecto al resto de hombres. Los dos planos siguientes (unidos ambos a través de un breve fundido encadenado) muestran a David acercándose a hablar con Georges. Acto seguido, Sjöström monta un breve plano con los dos hombres que permanecen junto a la mesa, observando lo que tiene lugar entre David y Georges, y la sobriedad narrativa que tiene la secuencia hasta ese momento se ve rota con la aparición del plano que viene a continuación, que a través de una panorámica muestra el desplazamiento que realiza David desde el rincón donde esta Georges hasta la mesa en la que estaba sentado antes junto a sus compañeros. Este movimiento de cámara, de derecha a izquierda del encuadre, muy lejos de ser simplemente narrativo, expresa la intromisión que va a tener lugar en el aislamiento consciente de Georges. Si hasta el momento los planos filmados por Sjöström dejaban al personaje sólo en el encuadre, o en términos visuales que lo separaban espacialmente de los hombres sentados alrededor de la mesa, arrinconado en una esquina, ahora el movimiento de cámara va a relacionar su miedo interior (que espectador y personajes desconocemos) con lo que va a tener lugar: una violenta pelea, desatada por David al regresar a su sitio y darse cuenta de que alguien esta haciendo trampas en el juego.


Nota: Estas capturas de la película ilustran lo comentado en el parráfo anterior. La dos últimas corresponden a la panóramica mencionada en el texto, por lo tanto son principio y final del movimiento de cámara y corresponden a un único plano.





La secuencia ve roto su ritmo reposado con un montaje de planos más rápidos, con presencia de algunos angulos picados, que dotan de mayor agresividad a la situación. Georges decide actuar antes de que se produzca una tragedia, se sitúa en el centro del encuadre, separa a los hombres enfrentados, que quedan situados a izquierda y derecha del pacificador, y les cuenta una historia para que entiendan por que se encuentra atemorizado: según se dice, la última persona que muere el día de Nochebuena es la encargada de conducir, durante un año entero, una carreta, vieja y polvorienta, sobre la que deberá ir cargando las almas de los muertos. Para el alma en pena encargada de tan triste labor, un día de trabajo es como cien años en la tierra. Las imágenes que ilustran sus palabras, tintadas en azul, no pueden ser más siniestras: un ser traslúcido, encapuchado, cabizbajo, con el rostro oculto y una guadaña apoyada en su hombro, conduce una carreta de madera por caminos de montaña, perdiéndose en el crepúsculo...
Ese temor a la muerte y a una condena especial es lo que ha llevado a Georges a mantenerse lo más alejado posible de cualquier conflicto, temiendo que la tragedia se cebe en él. Su aislamiento mental ha sido expresado por Sjoström con imágenes que aislan espacialmente al personaje de los demás.

Acto seguido, el director monta unas secuencias, que narran los desplazamientos de la carreta fantasma en busca de las almas de los muertos más recientes, que se encuentran entre las más sugerentes y tétricas del cine mudo. En la primera de ellas Sjöström sugiere el suicidio de un hombre con el simple recurso de un plano detalle de una mano que coge una pistola; el siguiente plano muestra al espectral conductor de la carreta, que atraviesa la puerta de la casa y se dirige a recoger el alma del muerto; cuando volvemos a ver al suicida, que yace tirado en el suelo, vemos también su reflejo en el espejo, con lo que queda expresado, gracias al desdoblamiento visual, el transito del alma del muerto hacia otro mundo.


Nota: Estas capturas de la película ilustran lo comentado en el parráfo anterior, son planos en los que se sugiere un suicidio y el paso de la vida a la muerte de un personaje.


La secuencia inmediatamente posterior, con el conductor de la carreta descendiendo al fondo del mar para recoger el alma de un ahogado, es otro breve, pero muy imaginativo, momento de la película.

Llegados a este punto, y no han transcurrido más de 20 minutos de película, Sjöström ha mantenido en el aire las siguientes narraciones: 1) el tiempo presente, con David Holm en el cementerio narrando la historia de Georges; 2) la narración de la historia de Georges, que a su vez cuenta la historia de la carreta fantasma; 3) la visualización de las andanzas de la carreta fantasma.

Al finalizar esta última historia se cierran todas las demás y la narración continúa sólo en tiempo presente (de momento, por que Sjöström recurrirá a soluciones parecidas más adelante).Hasta el momento, el crisol de historias ha sido desplegado por una persona viva, David Holm, pero Sjöström regresa al tiempo narrativo presente y David recibe un golpe mortal, propinado por uno de sus compañeros de bebida, cuando queda poco tiempo para las 12 en punto de la noche. Georges, el actual conductor de la carreta, viene a recoger el alma de David..., pero este quiere un oportunidad para redimirse, pues su actual estado de dependencia etílica ha sido el culpable de una lamentable relación con su mujer y su hijo pequeño.

En “La Carreta Fantasma” todos los personajes se sienten culpables de algo: David por haberse comportado como un demonio con su familia; Georges por haber acostumbrado a David y al hermano de este a las borracheras, que llevarán al primero a verse abandonado por sus acciones, y al segundo a cometer un homicidio involuntario; por su parte Edit, agonizando en una cama, quiere salvar el alma de David antes de morir, pues se siente responsable de ciertas acciones perpetradas por el hombre.


La Carreta Fantasma” es un drama con una atmósfera sobrenatural, y con un trasfondo moral que adquiere todo su sentido para el espectador al comprender que en el contexto social de la época el alcohol causaba verdaderos estragos entre la población de muchos países: el alcohol es el demonio en la película de Sjöström, y también una excusa, tan valida como cualquier otra, para hablar de lo peor de los seres humanos, materia en la que Sjöström indagó durante toda su carrera cinematográfica.

Una película tan mítica como “El Resplandor” (The Shining, 1980), dirigida por Stanley Kubrick, parece beber directamente de las aguas de “La Carreta Fantasma” para una secuencia tan icónica y recordada como la que plasmaba la locura homicida de Jack Torrance (Jack Nicholson), armado con un hacha, y destrozando la puerta de una habitación para atrapar a su mujer e hijo. Tanto la planificación como las intenciones dramáticas de esta secuencia recuerdan poderosamente (y yo creo que más allá de la pura coincidencia: Kubrick analizaba rigurosamente películas mudas y clásicas en una sala en la que se proyectaba películas habitualmente) a otra secuencia de la película de Sjöström en la que David Holm arremete, también armado con un hacha, contra una puerta, destrozándola y dejando entrever progresivamente su rostro desencajado tras la madera astillada, con la finalidad de atacar a su esposa e hijo.


Por otro lado, es importante señalar, en relación a la historia del cine fantástico, que varias películas de Ingmar Bergman tienen una deuda directa con “La Carreta Fantasma”: películas como “El Séptimo Sello” (Det Sjunde Inseglet, 1957), “El Rostro” (Ansiktet, 1958) o “La Hora del Lobo” (Vargtimmen, 1968) siguen la estela del horror de raíz existencialista descrito en la película de Sjöström. Pero no solo esto, ya que la relación entre maestro (Sjöström) y discípulo (Bergman) es mucho más estrecha de lo que algunos piensan. Es evidente que entre ambos se produce un traspaso de intereses argumentales y narrativos: las complejidades de las relaciones de pareja, los aspectos más turbios del ser humano (especialmente los relativos a la mente), la radical capacidad que tienen las personas para bascular bruscamente de la bondad a la maldad, etc. son temas fácilmente asociados al universo Bergmaniano y que eran absolutamente centrales en el cine de Sjöström.
La Carreta Fantasma” era admirada por Bergman hasta el punto de proyectársela, en una copia en 35 mm para su uso personal, un mínimo de una vez al año en la pequeña sala de proyección de su propiedad. Sjöström colaboró como actor para Bergman en una gran película, “Fresas Salvajes”, (Smulltrönstallet, 1957), y posteriormente se convirtió en personaje de ficción de una de sus últimas películas, “Creadores de Imágenes” (Bildmakarna, 2000) que narraba las pioneras aventuras cinematográficas de Sjöström.
El círculo entre maestro y alumno se cerraba.




Artículo publicado originalmente en KlownsAsesinos.com


sábado, 19 de junio de 2010

DÉJAME ENTRAR (LAT DEN RÄTTE KOMMA IN, 2008, THOMAS ALFREDSON)

Titulo Original: Lat den rätte komma in
Año: 2008
Nacionalidad: Suecia
Duración: 114 min.
Director: Tomas Alfredson
Guion: John Ajvide Lindqvist
Actores: Kare Hedebrant, Lina Leandersson, Per Ragnar, Henrik Dahl, Karin Bergquist.

Sinopsis: Aterrorizado por un grupo de matones, Oskar es un chico solitario de 12 años que se hará amigo de una nueva vecina: una misteriosa chica cuya llegada ha coincidido con una serie de misteriosas muertes y asesinatos. A pesar de que Oskar piensa que ella es un vampiro, tratará de que su amistad sea mayor que su miedo.



La primer película que llega a las pantallas españolas del director sueco Tomas Alfredson supone la mejor acreditación posible del talento del mismo. Dejando de lado su origen literario (la novela de John Ajvide Lindqvist -que no he leído- con el mismo título), la película de Alfredson atesora unas virtudes puramente cinematográficas, que además alcanzan un nivel realmente inusual en la actualidad: el director emplea el color, el sonido, el enfoque-desenfoque de la imagen, los espacios por los que transitan los personajes, y otros elementos del lenguaje visual, con fines claramente expresivos y unos resultados notables.

Una vez finalizan los títulos de crédito, que muestran un fondo negro y unos copos de nieve que caen lentamente, introduciendo de ese modo la melancolía y tristeza que dominará la narración, el director va directo al grano a la hora de presentar el conflicto personal que arrastra Oskar (Kare Hedebrant), el pequeño protagonista de la historia, relativo al insistente acoso escolar que sufre a manos de tres de sus compañeros de clase.
El primer plano de la película es un plano de la ventana de una habitación, con vistas a un nevado parque infantil; al poco se escucha una voz en off un tanto agresiva, y Oskar se va viendo reflejado en la ventana conforme se acerca al cristal. La voz corresponde al pequeño, que ensaya con agresividad la actitud que quiere demostrar ante sus agresores.


primer plano de la película


El plano establece varias cosas prácticamente de golpe: por un lado relaciona ya los dos espacios que van a desempeñar una importancia fundamental a lo largo de la historia, la habitación de Oskar y el parque que hay bajo su ventana, y en la que tendrán lugar los encuentros entre él y la pequeña Eli (Lina Leandersson), su nueva vecina, que además vive en un piso pared con pared con el de la madre de Oskar; la voz en off y las palabras de Oskar aluden a la constante repetición de las mismas una y otra vez en boca de sus perseguidores, por lo tanto el pequeño acusa un proceso de obsesión y progresiva violencia interna que director y guionista desarrollaran convenientemente en las secuencias posteriores; y por último, un reflejo en un cristal, una tendencia visual que se repetirá varias veces a lo largo de la película, con Oskar y también con la pequeña Eli.

El siguiente plano es un primer plano dorsal de Eli y su protector, mientras viajan en coche: el plano muestra los rasgos faciales del hombre, de perfil, cuando mira a la niña, pero no de Eli, a la que se mantiene oculta en sombras: se crea una cierta expectativa hacia el personaje por parte del espectador.

segundo plano de la película, un movimiento de cámara desde el siervo de Eli hasta Eli, que aparece envuelta en sombras

El tercer plano vuelve a ser el primer encuadre mencionado, con Oskar reflejado en el cristal de la ventana de su habitación. Con sólo dos planos, Alfredson ha relacionado a los dos personajes fundamentales de la película y los ha definido: Oskar tiene un conflicto de carácter violento, la figura de Eli está envuelta en el misterio y además se ve obligada a desplazarse continuamente (llega en coche a su nueva vivienda): no existe el descanso ni la tranquilidad para un ser obligado a alimentarse de una forma diferente, los caminos de ambos personajes están destinados a encontrarse, y el montaje alterno de planos de Oskar y de Eli y su protector con los que continua la secuencia así parece demostrarlo.

Sin ir más lejos, y relativo a los reflejos en cristales, esta primera secuencia muestra siempre a Oskar, en el interior de su habitación, visto desde el exterior, tras el cristal de la ventana de su habitación, y con el espacio exterior reflejado en su superficie, sugiriendo con ello la influencia que tendrá lo externo en la vida del pequeño, y situando al espectador en una curiosa posición de voyeur, que observa a Oskar, por un lado, y a Eli y a su siervo, por el otro, desde el exterior, aumentando con ello el misterio que rodea a estos personajes y sus acciones, ej: el plano que muestra al hombre (protector) que acompaña a la pequeña tapando una ventana con cartones. Una intriga que aumenta si el espectador desconoce de que trata la película, algo que ya era difícil inmediatamente después de su exitoso estreno en el Festival de Sitges 2008.

La violencia y su realidad, que condiciona la vida de las personas; la necesidad de aprender a defenderse en un mundo que devora a los débiles con singular facilidad y una heladora falta de escrúpulos; el afecto auténtico entre personas de distinto sexo (y como ha señalado el director, un afecto pre-sexual, es decir en una edad pre-adolescente).
Todos son temas latentes bajo el tejido sanguíneo de la película, que dotan a la propuesta de una singular cualidad:  en ella se enhebran con facilidad la atmósfera, personajes y situaciones propios de un mundo real y un drama social actual, con los propios de un mundo fantástico, estableciéndose una curiosa diálectica entre ambos mundos: será Eli, una vampiro con apariencia de niña de 12 años, pero que en realidad tiene una edad mucho mayor, la que impulsará a Oskar a defenderse de sus agresores y le hará comprender la necesidad de imponerse a los demás cuando la situación se preste a ello. No por casualidad Eli ha tenido que aprender a sobrevivir de una forma inusual, y este factor le provoca una cierta angustia existencial.

Que estos temas estén desarrollados con solidez teniendo a protagonistas tan jóvenes es un indudable acierto que dota a la película de una cierta originalidad narrativa en el contexto de estrenos actual, dónde lo más habitual es ver a personajes pre-adolescentes o adolescentes protagonizando verdaderas tonterías (y que cada uno haga su propia selección al respecto, hay para elegir, prácticamente cada semana hay estrenos del tipo mencionado).

Otra curiosidad es que los padres de Oskar y los otros personajes del film (al margen de Eli y su protector) parecen directamente sacados de una película cualquiera de las que componen la filmografía del director finlandés Aki Kaurismaki, personajes que no parecen tener otra cosa que hacer en la vida que dejarse llevar por la inercia del bar y la bebida, sin demasiado futuro vital, y más bien poco (o ningún) talento personal.
Si Alfredson tenía en mente estas películas, o la similitud es pura casualidad, es una incógnita que sólo el realizador podría despejar.

La película se apoya en el trabajo de los actores, sobre todo los más pequeños, pero es de justicia destacar la labor de la pequeña actriz Lina Leandersson, a cargo de Eli. Sin duda alguna el personaje más difícil de la película, ya que se trata de una vampiro de mucha edad con presencia física de niña de 12 años, con lo que la actriz debe aparentar una madurez mental que difícilmente pueda tener alguien de su edad, y la verdad es que el resultado de su trabajo es, en este sentido, excelente.

A continuación se revelan algunos momentos de la película de gran importancia, por lo que quien no la haya visto y no quiera que le estropéen el visionado debería leer estas líneas tras el mismo.

Algunos aspectos de la película que vale la pena destacar


Alfredson introduce las situaciones de acoso (compañeros de Oskar), caza (Eli o su protector) o defensa personal (Oskar) con planos generales, compuestos siempre de forma muy similar, y que aíslan a los personajes en el entorno por el que se mueven, destilando el conjunto de encuadres relativos a estas situaciones una singular filosofía acerca de los instintos primitivos del ser humano que se traducen en una natural habilidad  de este para preparar trampas a sus presas: con estos planos una niña vampiro, es decir, un depredadora, queda equiparada a los seres humanos que la rodean, ya sean los niños o el protector de la pequeña, capaces de emplear su astucia con malignidad. La pequeña vampiro emplea la violencia por necesidad; los niños, en cambio, por pura diversión.

El siervo de Eli acechando o a punto de matar a sus víctimas


Víctimas a punto de ser atacadas por Eli


Oskar siendo emboscado por sus compañeros de clase


Oskar aprendiendo a defenderse


Espejos o reflejos en cristales

Reflejos asociados a Oskar: En el primer plano de la película el personaje aparece reflejado en el cristal de la ventana de su habitación, con las intenciones comentadas al principio de este escrito; más adelante su persona aparece desdoblada gracias al empleo de espejos en algunos encuadres, como cuando repasa o completa sus recortes de noticias escabrosas, o también  en la secuencia que sigue a la liberación interior de Oskar tras asestarle un contundente golpe en la cara con una larga vara a su principal agresor, y que consiste en Oskar hablando por teléfono con su padre, mientras su madre, decepcionada con la actitud de su hijo, le contempla.

Oskar, desdoblado en un espejo en la intimidad de su habitación, donde incuba sentimientos de violencia y completa su dossier con fotos de armas y notícias violentas


Oskar, desdoblado en un espejo, comunicando por teléfono a su padre la agresión que ha llevado a cabo en el colegio, ante la decepcionada mirada de su madre


Reflejos asociados a Eli: en uno de ellos un gato situado tras un aparador se enfurece cuando la pequeña se acerca al mismo para contemplar la comida que hay detrás del animal, viéndose únicamente la figura de la niña reflejada en el cristal.

Eli aparece tenuemente reflejada en el cristal, a la derecha del encuadre; el gato se enfurece al notar su presencia


En otro, Eli observa, situada tras un cristal, a niños de su edad disfrutar con el agua de una piscina, algo que ella no puede hacer.
Los dos momentos están asociados al mismo personaje y a su imposibilidad de llevar a cabo ciertas acciones: disfrutar en el agua, saborear la comida normal.

Eli observando a los niños disfrutar en la piscina, algo que ella no puede hacer


El uso del fuera de campo, que el director emplea de forma sobria y elegante, caso del primer asesinato perpetrado por el protector de Eli en un parque, y que evita mostrar frontalmente el instante en el que el hombre degolla a su víctima, o en el magnifico clímax de la película, que transcurre en el interior de la piscina del colegio, y en la que también se visualizan los efectos de una situación violenta, pero se elude mostrar las causas.

El empleo del color, en concreto el rojo: un atento visionado de la película revela el uso de este color asociado a determinados personajes de la película, en concreto a Eli y su siervo, por un lado, y a sus víctimas dramáticamente más importantes por el otro.

Eli (a la izquierda) y su siervo (a la derecha) vestidos de rojo


Una mujer, vestida de rojo, futura víctima de Eli; trás la ventana, el siervo de Eli, un cruce de caminos fatídico


La mujer entra en el restaurante de la imagen superior, se quita su abrigo, y se sienta junto a un hombre, también vestido de rojo: otra futura víctima de Eli


A izquierda y derecha del plano elementos de color rojo, una vez la mujer de la imagen superior, que descansa en la cama situada en el centro del encuadre, ha sido atacada por Eli


El sonido: En un par de momentos el sonido sugiere una presencia o aparición inesperada: Oskar conoce a Eli en el parque nevado, mientras el pequeño práctica ademanes violentos con una pequeña navaja; el sonido de una ventana al abrirse y chirriar precede a la aparición de la pequeña en lo alto de una estructura de metal. Del mismo modo, durante el clímax de la película, y mientras Oskar está sumergido en el interior de una piscina, un sonido de rotura de cristales, amortiguado por el líquido, sugiere que un acontecimiento ha tenido lugar fuera del agua.

La posición de los actores en el encuadre, o la jerarquía de la posición de unos respecto a los otros:
Eli situada en el encuadre siempre por encima de Oskar, las dos primeras veces que se encuentran, ya que, en principio, la niña no contempla la posibilidad de tener amistad con el pequeño y, de esa manera, estrechar las distancias que los separan. El juego del cubo de rubik, que la niña descifrará para sorpresa de Oskar, situará definitivamente a Eli a la altura de Oskar, es decir, la humanizará.

A la izquierda, primer encuentro de Oskar y Eli; a la derecha, segundo encuentro de los personajes. En ambos casos Eli aparece sigilosamente por detrás de Oskar y se sitúa en una posición por encima del niño, estableciendo con ello sus diferencias


En el tercer encuentro Eli ya espera a Oskar en el parque, pero sentada en una posición más baja, a un nivel más humano. El cubo de rubik, que Oskar le ha prestado en el segundo encuentro (ver foto superior derecha) y que Eli ha completado con facilidad en ausencia del niño, acerca a los dos personajes



La relación de Oskar con su madre, en la que los dos personajes nunca comparten el mismo espacio, hablando uno con el otro desde espacios separados, estableciendo con ello Alfredson unas fronteras entre ambos personajes, y expresando con este uso del espacio fílmico el abandono de un personaje para con el otro. Precisamente las secuencias que muestran a Oskar con su padre se revelan bastante insustanciales, pues la ausencia del mismo ha quedado lo suficientemente clara con métodos más cinematográficos en otro instante del film.

La relación distante entre Oskar y su madre encuentra su traslación en imágenes, en las que los personajes aparecen manteniendo conversaciones sin compartir el mismo espacio, estableciendo con ello unas fronteras físicas que imposibilitan el afecto



En la película abundan las secuencias interesantes, de las que vale la pena mencionar algunas: la secuencia, filmada con planos detalle, que visualiza la minuciosa preparación del material de caza que el protector de Eli introduce en su maletín de trabajo, cuando el espectador desconoce el fin de los objetos y la profesión del hombre, de avanzada edad. La planificación hace hincapié en los objetos: un embudo, una garrafa vacía, una linterna, una mascarilla, un cuchillo.
Las secuencias del asesinato en el parque y el posterior intento de asesinato en el gimnasio que, detalles de planificación al margen, hacen gala de un vitriólico sentido del humor: en la primera, una vez cometido el crimen, el asesino se ve sorprendido por un curioso y imperturbable perro que le observa de extraña manera, y que seguida de la aparición de las chicas que buscan al animal, dan al traste con la intención del criminal de llevarse una garrafa con sangre de su víctima; una vez huye el asesino, el perro se dedica a lamer la sangre humana...
En el segundo momento mencionado, el asesino, que además actúa de forma ritual con sus presas, colgándolas siempre como si de animales en el matadero se tratara, se ve sorprendido por la oscuridad cuando esta a punto de ejecutar a un joven deportista en el interior de un vestuario, lo que le obliga a, torpemente, mirar de situar su linterna en la repisa de una ventana apuntando a la victíma...para poder ejecutar con precisión el gesto mortal que cercenará la vida del joven

Otro momento destacable, resuelto de forma inusual, es el que muestra al protector de Eli siendo reprendido por esta tras el fracaso del hombre a la hora de conseguirle alimento: Tomas Alfredson filma el momento con un único primer plano del hombre, mientras escuchamos la agresiva voz y extraños sonidos de la niña, que de vez en cuando aparece en el encuadre, en primer término, de forma sesgada.

Otro excelente y sencillo empleo de las formas visuales tiene lugar una vez Oskar ha conseguido, por primera vez en su vida, defenderse de las amenazas externas, propinando certeramente y con sequedad un bastonazo a su rival en un lado de la cara. A continuación Alfredson filma a Oskar con un acentuado contrapicado que expresa tanto la superioridad física que ha adquirido el pequeño con su acción, como el proceso de liberación que ha tenido lugar en el interior de este. En consecuencia, a su rival le corresponde un plano en ángulo picado, mientras una profesora le ayuda a reponerse del golpe recibido.

Oskar visto en ángulo contrapicado, trás el golpe que el personaje a propinado a su rival



Su rival, visto en ángulo picado, mientras es atendido por una profesora




El epílogo de la película, un final amargo
En oposición a la opinión que la conclusión de la película le merece a Alfredson, que la considera feliz y optimista en una entrevista aparecida en el periódico La Vanguardia, el epílogo no puede dejar una sensación más agridulce. Oskar viaja en tren, y se lleva con él a Eli dentro de un baúl. En realidad, a poco que se piense, el final es prácticamente circular con respecto al inicio de la película: recordemos, el segundo plano de la película mostraba a Eli y a su siervo dirigiéndose en coche a una nueva vivienda; ahora Eli se ve obligada a desplazarse de nuevo, y el espectador puede (y debe) intuir que no será la última vez. Por otro lado, Eli es una vampiro que mantiene su presencia física de niña de 12 años, pero con muchos más años “reales” a sus espaldas: probablemente su siervo no fuera más que un amor anterior, envejecido ante un ser para el que el tiempo es relativo, quizá también otro niño que se fugó con ella en el pasado...quizá Oskar termine convirtiéndose en otro siervo de Eli.


Artículo publicado originalmente en la página klownsasesinos.com