sábado, 19 de mayo de 2012

TAKE SHELTER (2011, JEFF NICHOLS)


Título Original: Take Shelter
Año: 2011
Nacionalidad: EE.UU.
Duración: 120 min
Director: Jeff Nichols
Guión: Jeff Nichols
Actores: Michael Shannon, Jessica Chastain, Tova Stewart, Shea Whigham, Katy Mixon, Natasha Randall


Sinopsis: Un buen día, un treintañero de clase media llamado Curtis, el cual está casado con Samantha y tiene una hija sordomuda llamada Hannah, empieza a experimentar una serie de visiones de carácter apocalíptico, en las que de forma recurrente ve peligrar su propia seguridad o la de su familia. Seriamente preocupado por el asunto, principalmente porque su propia madre Sarah comenzó a experimentar, a una edad similar a la suya propia, los primeros síntomas de un proceso de esquizofrenia paranoide que terminaron por impedir a esta llevar una vida normal, Curtis decide visitar a su médico habitual, quien le recomendará a un especialista en la materia. El coste de un implante coclear para su hija Hannah, y los altos honorarios del especialista psiquiátrico al cual debería visitar, pondrán a Curtis en una difícil situación económica, que se agravará considerablemente cuando este, dejándose arrastrar por sus continuas visiones, que le hacen temer que una catástrofe puede tener lugar de forma inminente, decide pedir a su banco habitual un préstamo de alto riesgo con la finalidad de costear la construcción de un refugio para tormentas que en caso de necesidad le permita poner a salvo a los suyos. Poco a poco, la unidad familiar será puesta a prueba, y Samantha, la esposa de Curtis, deberá decidir si, pase lo que pase, continúa confiando en su marido, o si por el contrario decide irse con su hija y abandonarle, presa del miedo ante la situación psicológica de Curtis, que empeora a cada momento, y cuyas consecuencias para todos resultan imprevisibles.


Jeff Nichols, realizador de Take Shelter

Presentación del film en el Festival de Sundance




Apocalipsis en familia

El prestigio crítico que se ha labrado Jeff Nichols con tan sólo dos películas, Shotgun Stories (2007) y la que aquí nos ocupa, se verá definitivamente consolidado, muy probablemente, cuando en pocos días se proyecte su nueva propuesta, Mud (2012), dentro del marco del inminente Festival de Cannes. Como es bien sabido, estos "prestigios cinematográficos de festival" no pocas veces demuestran carecer de auténtica consistencia a poco que uno tenga la oportunidad de comprobar, por si mismo y generalmente gracias al estreno comercial de una de estas películas con etiqueta, el verdadero alcance del cineasta en cuestión. En general, la crítica más "moderna" se mueve por impulsos y pasiones repentinos que se desinflan tristemente con el paso de los años (y a veces, de tan solo unos pocos meses). Si películas del llamado "cine clásico" como, por poner dos ejemplos algo al azar, La tormenta mortal (The Mortal Storm, 1940) de Frank Borzage, o Cómo le conocí (Margie, 1946) de Henry King, son demostraciones de sabiduría narrativa y de madurez cinematográfica, uno no alcanza a comprender como Take Shelter, obra bastante convencional en su conjunto, y muy poco destacada, en mi opinión, en aspectos tan fundamentales para un film como su planificación o su estructura dramática, pueden alcanzar valoraciones máximas en los cuadros críticos de las revistas de cine actuales, pues o mucho me equivoco o Nichols carece por completo, por lo menos de momento, de la talla artística de un Borzage o de un King , entre otros mucho posibles ejemplos. 


A tenor de sus dos largometrajes, uno puede deducir que Nichols es un director con conciencia de autor (condición indispensable para obtener el beneplácito de la crítica actual, no tanto del público), pues tanto en Shotgun Stories como en Take Shelter se nos ofrece una clara radiografía de la descomposición a la que parece abocada la clásica concepción de la unidad familiar americana y también ambos films evolucionan dramáticamente hacia lo que el espectador presiente como una tragedia inevitable. Lo paradójico del caso es que, mientras un novato Nichols consigue en Shotgun Stories un film que, aunque todavía poco destacable en aspectos como la más bien sencilla y convencional planificación o su acabado técnico global, resulta harto interesante por su hábil planteamiento dramático, que no evita el misterio y la sugerencia, por su ajustada duración de tan solo 80 minutos, por las sutiles interpretaciones del elenco de actores, y por ciertas ideas estrictamente cinematográficas (ej: algunas atractivas elipsis narrativas), el ahora más profesional y prestigioso realizador opta en su segundo film por una excesiva obviedad dramática, que impide que Take Shelter sea un film con cierto misterio, o por utilizar a su actor principal, el reputado Michael Shannon, de un forma más bien evidente y poco sutil, y dando rienda suelta al extraño físico del actor para que al espectador no le quepa duda de que alguien con ese aspecto tiene que estar necesariamente chiflado: algo que no ocurría en Shotgun Stories, film en el que la labor del actor resultaba especialmente estimable: está claro que a este actor se le ha encasillado malamente, como demuestra la participación del mismo, siempre en papeles de hombre trastornado, en películas como Bug (William Friedkin, 2006), Revolutionary Road (Sam Mendes, 2008),  My Son, My Son, What Have Ye Done (Werner Herzog, 2009) o su papel en la serie de HBO Boardwalk Empire (2010-2011).


Jeff Nichols no parece querer engañar en ningún momento al espectador con su relato, a tenor de la forma excesivamente directa que tiene en Take Shelter de entrar en materia dramática: ya en la primera secuencia del film el espectador asiste a una de las visiones de Curtis (Michael Shannon), en las que este contempla como del cielo cae una lluvia amarilla y aceitosa. El problema que tiene esta decisión, en mi opinión, es que deja gran parte del metraje posterior dando vueltas y más vueltas, casi sin dejar progresar verdaderamente al relato, en torno a un eje dramático muy marcado y prácticamente invariable. Mi experiencia como espectador, desde el  mencionado instante que muestra a Curtis siendo víctima de su locura -o tal vez experimentando una visión profética-, fue la de asistir a un film prefabricado y sin misterio, en el que poco importa lo que pueda ocurrir en las restantes dos horas de metraje, pues uno sabe con absoluta seguridad que, más tarde o más temprano, y casi de forma obligatoria, tendrá lugar en el film una secuencia en la que Curtis terminará explotando y actuando como un lunático delante de toda la comunidad, y será precisamente a partir de ese instante cuando el relato volverá a tomar un cierto impulso narrativo. El problema es que entre ambos momentos clave del relato transcurre una hora y media de metraje de interés más bien tibio, y en el que lo más destacable, debido principalmente a la excelente labor interpretativa de Jessica Chastain, se encontrará en las secuencias que muestran a Curtis interactuando con su mujer Samantha y con su hija, y especialmente en aquellas en las que veremos a la primera realizando esfuerzos por sobreponerse al extraño comportamiento de su marido y decidiendo in situ si continúa o no al lado de este.


Dejando a un lado estos instantes del film, los más interesantes a nivel dramático, existen en el relato de Nichols no pocos elementos que no terminan de cuajar en ningún momento y que desestabilizan en no poco medida el conjunto del mismo, caso de la supuesta relación de amistad, y también laboral, que mantiene Curtis con Dewart (Shea Whigham), y cuya evolución tan importante resulta ser para precipitar los acontecimientos en el tercio final del film. En mi opinión, la relación entre ambos personajes no resulta especialmente verosímil en ningún momento: ni cuando Dewart confiesa a Curtis, en una noche de borrachera, que él y su mujer están planteándose organizar un trío sexual con una mujer con graves problemas de sobrepeso (en lo que quizá se pretende un apunte acerca de las relaciones emocionales y sexuales en la era de internet), ni mucho menos en la secuencia en la que Curtis es víctima de uno de sus constantes trastornos mientras se encuentra con Dewart en el trabajo (en esta ocasión el personaje cree escuchar truenos pese a que el cielo sobre él y su amigo permanece totalmente límpido), quien se limita a observar tontamente a su supuesto colega desde la cabina de la excavadora que maneja, y en ningún momento intenta auxiliarle. Lo curioso del caso es que esta, como digo, amistad entre Curtis y Dewart, es tomada mucho más en serio de lo que aparenta por el segundo, quien, cuando sea despedido de su trabajo, bastante más avanzado el relato, por haber ayudado a Curtis a construir el refugio para tormentas que tanto obsesiona a este, con maquinaria temporalmente hurtada a la empresa en la que ambos trabajan, lo primero que le echará en cara al mismo será precisamente el haberse comportado mal con un "amigo".


Tampoco convence la forma excesivamente machacona que tiene Nichols de intercalar las secuencias más costumbristas con las demasiado abundantes secuencias en las que el protagonista es víctima de alguna de sus visiones. Evidentemente, la intención del realizador al proceder de esta manera es justificar dramáticamente que el universo cotidiano del personaje, cada vez más inseguro e inestable, se está viniendo abajo y por lo tanto está empujando a Curtis, aparentemente, a brotes cada vez más acusados de esquizofrenia paranoide. Si en las secuencias más realistas, por regla general, o bien se nos muestra a Curtis conviviendo con su mujer Samantha y con su hija sordomuda Hannah, o bien con su amigo Dewart, en las secuencias de corte onírico (a las que muy apropiadamente se llega sin transición alguna desde las anteriores, con la intención de mostrar como a Curtis, cada vez más, le cuesta diferenciar entre realidad y ficción) uno sufre un verdadero empacho de visiones apocalípticas: desde Curtis contemplando como del cielo cae una lluvia que, según el mismo definirá más tarde, parece "aceite fresco de motor", hasta el ataque al protagonista y a su hija de una bandada de pájaros negros que primero se lanzan en picado sobre ambos, para inmediatamente después comenzar a caer misteriosamente muertos sobre el duro asfalto, pasando por otros instantes que muestran a Curtis contemplando con asombro una espectacular, inquietante, y al mismo tiempo bella tormenta eléctrica, o bien sufriendo diferentes tipos de ataques mientras se encuentra solo o acompañado de su hija: el de su perro, el cual intentará arrancarle un brazo; el de un grupo de vándalos que le acosarán desde el exterior mientras el protagonista se encuentra dentro de su coche; el de unos extraños que golpearán las ventanas y puertas de su casa, etc.


Todos estos instantes van encaminados a ilustrar, quizá con demasiada obviedad, y también quizás demasiado en línea recta en lo que a su trazado dramático se refiere, el temor creciente de Curtis a que su familia pueda ser víctima de un acontecimiento trágico e inesperado. En realidad, esta forma de relato entre realista y fantástico que gira en torno a la unidad familiar americana y su previsible desintegración, ha dado pie a no pocos films por todos conocidos, desde Los pájaros (The Birds, 1963) de Alfred Hitchcock, hasta El incidente (The Happening, 2008) de M. Night Shyamalan, pasando por La guerra de los mundos (War of the Worlds, 2005), de Steven Spielberg; aunque el film de Nichols acaso recuerde más a ciertos aspectos de la australiana La última ola (The Last Wave, 1977) de Peter Weir (los protagonistas de ambos films experimentan su universo onírico de forma exclusivamente subjetiva), o de la poco conocida, pero realmente interesante película del gran William Wellman, The Next Voice You Hear... (1950), en la que toda la población mundial empieza a escuchar a través de la radio, durante una semana y cada día a la misma hora, la que supuestamente dice ser la voz de Dios, argumento que tiene la finalidad de cuestionar, al igual que también lo hace el de Take Shelter, la inercia que lleva a cualquier ciudadano a dejar de lado, progresivamente y sin conciencia aparente por su parte, los gestos cotidianos de convivencia que hacen más humana y cálida la vida en cualquier comunidad.


En el aspecto puramente formal del film, hay que destacar que Nichols opta en todo momento por una sobriedad narrativa que resulta apropiada para el relato y para el tono dramático realista que busca imprimir al mismo, pese a que quizás como consecuencia de esa decisión el film no logre resultar en casi ningún momento especialmente brillante en lo que a decisiones de planificación y montaje se refiere: Take Shelter es un film, que duda cabe, más cuidado estéticamente que Shotgun Stories, pero también desprovisto de la frescura narrativa y el puñado de buenas ideas visuales que caracterizaban a aquel pequeño film. El segundo film de Nichols también se muestra excesivamente calculado en los riesgos asumidos a nivel artístico por el realizador (más bien pocos en mi opinión), y que parecen tener la finalidad de gustar a un determinado perfil de espectador de festivales de cine o a un público propenso a exaltar por defecto las cualidades de cierto tipo de cine independiente en detrimento del cine más comercial. Me parecen más elocuentes y vivaces, visual y narrativamente, las obras de Spielberg y Shyamalan citadas líneas arriba, pese a quien pese, y aunque ninguna de ellas se encuentren, en mi opinión, entre las más destacables de sus respectivos autores, que esta segunda obra de Nichols, pese a que en el mercado de la crítica cinematográfica, como no, y aunque sea durante tan solo unas semanas (o todo lo más, algunos meses) vaya a cotizar con mucha más intensidad este último de lo que lo hicieron en su momento sus más experimentados compañeros de profesión con aquellas films.

martes, 13 de marzo de 2012

LA INVENCIÓN DE HUGO (HUGO, 2011, MARTIN SCORSESE)

Título Original: Hugo
Año: 2011
Nacionalidad: EE.UU.
Duración: 126 min
Director: Martin Scorsese
Guión: John Logan, adaptando el libro de Brian Selznick
Actores: Asa Butterfield, Chloë Grace Moretz, Ben Kingsley, Sacha Baron Cohen, Jude Law, Ray Winstone, Emily Mortimer, Christopher Lee

Sinopsis: París, años 30. El pequeño Hugo Cabret deviene huérfano tras la inesperada muerte de su padre en un incendio. Acogido por su borracho tío Claude, Hugo empieza a vivir y trabajar en la Estación Central de trenes de París. El cometido del pequeño consiste en ejercer el mantenimiento del mecanismo del gran reloj de la estación, pero Hugo tiene otra preocupación constantemente en mente: conseguir las piezas que le permitan poner en marcha un averiado autómata, único objeto que ha heredado de su progenitor y el cual, de ser puesto nuevamente en marcha, quizá le transmita un último mensaje de aquel. Con tal finalidad, Hugo roba siempre que puede artilugios mecánicos de la tienda de juguetes del Sr. Georges, pero en su último hurto el pequeño es atrapado con las manos en la masa por este. El acontecimiento provocará que el Sr. Georges, como represalia, se adueñe de una misteriosa libreta que Hugo necesita para reparar el autómata. La ahijada del Sr. Georges, Isabelle, intentará ayudar a Hugo a recuperar el preciado objeto, pero lo que ambos desconocen es que el contenido de la libreta ha supuesto la primera toma de contacto, de consecuencias imprevisibles, del padrino de la chica con un pasado personal y mágico que este creía completamente olvidado.


Martin Scorsese en un momento del rodaje de La invención de Hugo

Los trucajes ópticos propios del cine de Méliès son retratados con cariño por Scorsese

Scorsese realiza un simpático cameo en su film

La triste historia de un entrañable personaje 
En pleno apogeo del cine digital y las 3-D, Scorsese sorprende a propios y extraños al aprovechar el poderoso presupuesto de una "película infantil" para dedicar un cálido, sincero y emotivo homenaje a los orígenes del séptimo arte y a los grandes pioneros del considerado "cine primitivo", es decir, aquel que todavía no articulaba de forma especialmente sofisticada el lenguaje cinematográfico y que habitualmente se limitaba a capturar la acción de los diferentes relatos mediante planos generales y situando la cámara en posiciones que trasladaban al espectador de los mismos a una posición similar a la que este ocuparía en el patio de butacas de un teatro.
Una de las figuras esenciales de este período del cine fue y continúa siendo el gran Georges Méliès, uno de los primeros en intuir y sacar partido a la concepción mágica y espectacular que podían tener, mediante los trucajes y la manipulación del negativo, las imágenes capturadas por una cámara de cine. También un cineasta que se vio tristemente desplazado de su profesión por varias razones: los gustos del público cambiaban, y la contundente -y muy real- irrupción de la Primera Guerra Mundial en la vida de gran parte de los espectadores de cine mantuvo a estos alejados durante un tiempo de la ficción más naïf  e inocente, carente de excesivas pretensiones dramáticas, practicada tanto por Méliès como por otros realizadores de la época. El fundamental cineasta es el auténtico protagonista de La invención de Hugo, o, por lo menos, el personaje del film que realmente interesa a Scorsese, por razones, creo yo, más que obvias.
Pese a que uno ha leído ya varias críticas al film que lo consideran frío y carente de emoción, lo cierto es que resulta difícil encontrar en los últimos años un homenaje tan apasionado como resulta este al oficio de cineasta, por un lado, y a la necesaria inocencia de la mirada y carencia de prejuicios del más devoto espectador de cine, por otro. Quizás La invención de Hugo sólo pueda ser comparada, en cierto modo, a Ed Wood (1994), una de las obras más notables de Tim Burton, y film que lograba transmitir como pocos lo habían hecho antes la auténtica pasión por el cine como medio artístico para expresar ideas, la peculiar y excéntrica idiosincrasia característica de un rodaje de cine, o el maravilloso placer que en ocasiones puede uno sentir como mero espectador de un film. Scorsese vuelve a reflejar cada uno de los puntos antes mencionados con una mezcla de sencillez narrativa, veracidad emocional y absoluta devoción por su profesión que demuestran que, pese a que algunos no valoren con justicia su cine más allá de obras como Taxi Driver o Uno de los nuestros, los logros artísticos del cineasta en los últimos quince años son consecuencia directa de ese mismo amor por el medio: la interesante y experimental Al límite (Bringing Out the Dead, 1999), o las notables Kundun (1997), Infiltrados (The Departed, 2006) o Shutter Island (2010), así lo demuestran, siendo todos estos films obras personales que continúan indagando en los temas más queridos por el realizador, esto es: la percepción subjetiva que el individuo tiene de la realidad, la percepción (¿objetiva?, ¿o igual de subjetiva?) que los demás tienen de este mismo individuo, la alienación del ser humano en la sociedad contemporánea, etc.
Los resultados artísticos que arroja La invención de Hugo demuestran que Scorsese continúa en plena forma, sea cual sea el proyecto en el que decida implicarse. A continuación, el enlace que conduce a mi crítica del film:


miércoles, 8 de febrero de 2012

THE TURIN HORSE (A TORINÓI LO, 2011, BÉLA TARR)

Título Original: A Torinói ló
Año: 2011
Nacionalidad: Hungría, Francia, Alemania, Suiza, Estados Unidos
Duración: 146 min
Director: Béla Tarr, Ágnes Hranitzky
Guión: László Krasznahorkai y Béla Tarr
Actores: János Derzsi, Erika Bók, Mihály Kormos, Ricsi

Sinopsis: En 1889, cuando el filósofo alemán Friedrich Nietzsche se encontraba en Turín, al norte de Italia, este fue testigo de como un hombre azotaba a su caballo como reprimenda porque este no quería desplazarse. Nietzsche reaccionó al suceso rodeando el cuello del animal con ambos brazos, para protegerlo de los golpes, y finalmente cayó al suelo víctima de un colapso mental. Poco tiempo después, al filósofo se le diagnosticó una grave enfermedad mental, condición esta que ya no le abandonaría hasta el final de sus días. En The Turin Horse, el realizador Béla Tarr y el escritor László Krasznahorkai se adentran, de forma imaginativa y alegórica, en la vida del cochero que maltrató al caballo y de su hija en los días posteriores a tan dramático incidente.


El realizador Béla Tarr
El actor János Derzsi


La casa en el confín de la tierra
Cuanto más pobre y salvaje sea la región -cuantas menos sean las posesiones tangibles que hay para perder, y menos las posibilidades de consolaciones y paliativos materiales-, más irreparable y triste parece la pérdida a causa de la muerte. La expresión de esta aflicción es, correspondientemente, más articulada. En estas regiones el hilo de la vida es endeble. La supervivencia semeja un milagro diario, y la vida misma, a pesar de la impetuosidad con la que puede ser segada, es doblemente preciosa. (1)
El fragmento anterior, aunque escrito por el inglés Patrick Leigh Fermor con la mente puesta en ciertas y recónditas regiones del sur de Grecia, permite definir de manera concisa y elocuente parte del contenido que presentan las imágenes de The Turin Horse, una película que, pese a tener como personajes centrales de su fina trama argumental a un hombre, su hija y el caballo que ambos tienen como única propiedad, en realidad tiene como auténticos protagonistas a un perpetuo viento huracanado y la aridez del terreno que rodean la casa en la que todos ellos (sobre)viven. Mañana, viernes 10 de febrero, se estrena en España, por fin, esta película húngara que tenía inicialmente previsto su estreno para el pasado 15 de Diciembre, y que me imagino ha tenido que posponer varias veces la fecha del mismo para poder encontrar un hueco apropiado entre el alud de estrenos semanales, y también una sala dispuesta a asumir el riesgo de proyectar esta importante obra que algunos pudimos ver en el pase único que tuvo en el pasado Festival de Sitges.

El estimulante acontecimiento lo es por partida doble: por un lado, supone para el espectador patrio la primera (y probablemente única) posibilidad de ver un film de Béla Tarr en el circuito de salas comerciales: el conjunto de películas anteriores del cineasta habían reducido su onda expansiva, lamentablemente, a la proyección esporádica en festivales y filmotecas, o directamente a la edición en DVD o, lo que es peor, a la circulación en internet de copias, no siempre en las condiciones más apropiadas para su visionado, de sus obras más difíciles de conseguir (cortometrajes, trabajos para televisión). Por otro lado, el riesgo tomado por Paco Poch con su iniciativa al distribuir el film en salas bien merece el apoyo del espectador interesado en las propuestas menos convencionales que brinda el cine actual, y que cada vez en mayor grado permanecen ausentes de nuestros cines, día a día menos propensos a asumir riesgos de este tipo, relegando de este modo su circulación exclusivamente al territorio de las ediciones domésticas (cuando las hay), y, como no, a internet.

El texto que he dedicado a The Turin Horse, finalizado por mi a principios del pasado Diciembre, se publica ahora en Transit para acompañar el estreno del film, el cual podría poner punto y final a la obra del cineasta húngaro -a tenor de sus recientes declaraciones al respecto- y que en mi opinión supone una feliz culminación -en logros artísticos- para su breve filmografía. Como hablo extensamente de la obra en el enlace que se encuentra más abajo, tan solo me resta hacer desde aquí una recomendación: la lectura de los libros de László Krasznahorkai, escritor de profesión y guionista de muchas de las películas de Tarr, y que afortunadamente ha visto traducida al español en la última década una parte importante de su breve obra. Personalmente he leído Melancolía de la resistencia (editado en España por Acantilado y cuyo capítulo central sirvió de punto de partida para Armonías de Werckmeister (Werckmeister harmóniák, 2000), y la narración breve El último lobo (editado por la Fundación Ortega Muñoz): ambas obras me parecen magníficas y desde aquí las recomiendo encarecidamente. No tengo la menor duda de que tanto Al norte la montaña, al sur el lago, al oeste el camino, al este el río, como el díptico formado por Ha llegado Isaías y Guerra y guerra, depararán también grandes y agradables sorpresas al lector que se atreva con ellas: yo espero hacerlo en breve.


(1) Fragmento del libro Mani. Viajes por el sur del Peloponeso, de Patrick Leigh Fermor, editado por la editorial Acantilado en septiembre de 2010.


jueves, 26 de enero de 2012

EL HOMBRE QUE RÍE (THE MAN WHO LAUGHS, 1928, PAUL LENI)

Título Original: The Man Who Laughs
Año: 1928
Nacionalidad: EE.UU.
Duración: 110 min
Director: Paul Leni
Guión: J. Grubb Alexander, adaptando la novela El hombre que ríe, de Víctor Hugo. Con la colaboración no acreditada de May McLean, Marion Ward y Charles E. Whittaker. Texto de los intertítulos del film a cargo de Walter Anthony.
Actores: Mary Philbin, Conrad Veidt, Olga Baclanova, Brandon Hurst, Cesare Gravina, Stuart Holmes

Sinopsis: Tras ser arrancado de los brazos de su padre, Lord Clancharlie, por orden del Rey Jaime II, el pequeño Gwynplaine es vendido por el perverso bufón de la corte, Barkilphedro, a unos gitanos conocidos como los comprachicos, los cuales se ganan la vida exhibiendo en ferias ambulantes a los niños que han comprado y a los que posteriormente han deformado físicamente. Cuando los comprachicos son declarados proscritos por la Justicia de Inglaterra, estos deciden huir en barco del país y abandonan a Gwynplaine en la costa, el cual avanzando por la nieve sin destino aparente terminará encontrándose con Dea, una niña ciega tan desafortunada como él y que yace junto al cadáver congelado de su madre. Gwynplaine y Dea consiguen llegar hasta el carromato en el que viven el viejo filósofo Ursus y su perro Homo. Los cuatro juntos sobrevivirán a duras penas con las ganancias que les proporciona un espectáculo teatral ambulante escrito por Ursus y titulado El hombre que ríe. Gwynplaine y Dea, pese a ser el uno deforme y la otra ciega, se enamorarán perdidamente al llegar a la edad adulta, pero ambos serán bruscamente separados cuando la Reina Ana descubra, por obra del propio Barkilphedro, que Gwynplaine es el hijo desaparecido de Lord Clancharlie. 



El realizador alemán Paul Leni





El hombre de la sonrisa forzada


Uno de los grandes clásicos del cine mudo, El hombre que ríe, del interesante realizador de origen alemán Paul Leni, es el film que he escogido para retomar, tras unas semanas de merecido descanso, mi andadura crítica en este recién estrenado año 2012. Leni falleció prematuramente a los 44 años (parece ser que a causa de una infección dental que se le extendió a la sangre) y a causa de esta fatalidad toda su breve filmografía quedó completamente enmarcada en el fructífero período silente, pese a que en su último film, The Last Warning (1929) -que no he visto-, el cineasta ya empezaba a experimentar con las pistas de sonido. La pena es que su película más madura y lograda, esta adaptación de la trágica novela escrita por Víctor Hugo, llega en 1928, apenas un año antes de su muerte, y era de esperar, debido a su juventud, que en su futuro inmediato el cineasta sorprendiera con alguna obra más de la misma envergadura.
Aparte de El hombre que ríe, Leni es responsable de al menos otros dos films interesantes, El hombre de las figuras de cera (Das Wachsfigurenkabinett, 1924) y El legado tenebroso (The Cat and The Canary, 1927), y de otros tres que parecen gozar de cierto prestigio entre los expertos en cine mudo, Dornröschen (1917), La escalera de servicio (Hintertreppe, 1921, codirigido por Leopold Jessner) y Rebus (1925-1926).
En KlownsAsesinos.com he dado mi opinión acerca de un film cuyo protagonista, Gwynplaine, y su cruel deformidad física, parece ser que influenciaron decididamente a Bob Kane para la creación del Joker, el carismático antagonista de ese icono popular y superheroico que es Batman.



miércoles, 9 de noviembre de 2011

MADRE JUANA DE LOS ÁNGELES (MATKA JOANNA OD ANIOLÓW, 1961, JERZY KAWALEROWICZ)

Título Original: Matka Joanna od aniolów
Año: 1961
Nacionalidad: Polonia
Duración: 110 min
Director: Jerzy Kawalerowicz
Guión: Jerzy Kawalerowicz y Tadeusz Konwicki, según un argumento de Jaroslaw Iwaszkiewicz
Actores: Lucyna Winnicka, Mieczyslaw Voit, Anna Ciepielewska, Maria Chwalibóg, Kazimierz Fabisiak, Stanislaw Jasiukiewicz


Sinopsis: El Padre Jozef Suryn acude a un convento con la misión de exorcizar a la directora del mismo, la Madre Juana, y a las monjas que esta tiene a su cargo, las cuales aseguran estar poseídas por varios demonios y en ocasiones devienen presas de un especie de histeria colectiva. El anterior encargado del caso, el Padre Garniec, fue condenado por otros doce sacerdotes a morir en la hoguera acusado de hechicero y de incitar a las monjas al pecado, y el recién llegado Padre Jozef no tardará en darse cuenta de que el caso es más ambiguo de lo que aparenta, y que la salvación o la condena del alma de la Madre Juana dependerán exclusivamente de las medidas que él asuma para solucionar el caso.



El realizador polaco Jerzy Kawalerowicz



El cineasta polaco Jerzy Kawalerowicz es mayormente conocido por dos películas, Madre Juana de los Ángeles y Faraón (Faraon, 1966), que definieron en cierta medida, junto a los films de, entre otros paisanos, Andrzej Wajda (Pokolenie, 1955, Kanal, 1957, o Cenizas y diamantes, 1958) o Andrzej Munk (Eroica, 1958; La pasajera, 1963), unos nuevos derroteros para el cine de su país, sumándose de ese modo a las corrientes de la modernidad, cuyo pistoletazo de salida fue disparado por los realizadores de la Nouvelle Vague, y que se extendieron desde Francia a prácticamente el resto de países de Europa. En la sección Re/Visiones, de la recientemente mejorada revista online Transit: cine y otros desvíos, acaba de publicarse un artículo que he dedicado a Madre Juana de los Ángeles, un magnífico film que suscita diversas interpretaciones, y al cual se puede acceder desde el siguiente enlace:


Aprovecho la ocasión para recomendar también una visita a la página principal de la revista, que presenta ahora un diseño visual más elegante y atractivo, además de una periodicidad diferente (de la bimensualidad anterior se pasa ahora a una actualización constante de contenidos), y entre cuyo contenido reciente se encuentra el repaso a algunos estrenos recientes (ya sea en cines comerciales o en festivales), caso de Habemus Papam, 4:44 Last day on Earth, La belle endormie o El árbol de la vida; las crónicas del Festival de Venecia y de San Sebastián, o entrevistas a Jean Gentil o Jean-Claude Rousseau, entre muchos otros y interesantes artículos.




sábado, 5 de noviembre de 2011

LAS AVENTURAS DE TINTÍN: EL SECRETO DEL UNICORNIO (THE ADVENTURES OF TINTIN, 2011, STEVEN SPIELBERG)

Título Original: The Adventures of Tintin
Año: 2011
Nacionalidad: EE.UU/ Nueva Zelanda
Duración: 107 min.
Director: Steven Spielberg
Guión: Steven Moffat, Edgar Wright y Joe Cornish, según la serie de cómics Las aventuras de Tintín, de Hergé
Actores: Jamie Bell (Tintín), Andy Serkis (Capitán Haddock), Daniel Craig (Ivanovich Sakharine), Simon Pegg (Inspector Hernández), Nick Frost (Inspector Fernández) Cary Elwes (Milú)


Sinopsis: Tintín adquiere en un mercado de antigüedades la maqueta de un barco de la época de Luis XIV, y , finalizada la compra, es inmediatamente abordado por dos individuos. El primero se presenta a si mismo como Ivanovich Sakharine y se muestra extraordinariamente interesado en comprarle el objeto; el segundo mantendrá su anonimato pero alertará a Tintín del peligro que puede suponerle poseer el barco. Una vez en su casa, la inesperada aparición de un gato en la vivienda de Tintín incitará al perro de este, Milú, a perseguir con gran afán al felino, provocando una serie de desperfectos en el mobiliario que concluirán con la rotura de un mástil de la maqueta, de cuyo interior también se desprenderá un pequeño pergamino cuidadosamente enrollado. Al poco, dos importantes acontecimientos se sucederán: en primer lugar, Tintín se desplazará a casa del capitán Haddock, un buen amigo suyo que le mostrará el retrato de uno de sus antepasados familiares, a cuyas espaldas puede contemplarse también la figura del Unicornio, el modelo real de navío que reproduce la maqueta; y en segundo lugar, cuando Tintín regrese a su hogar descubrirá que la maqueta le ha sido robada, aunque, por suerte, el pergamino sigue en su poder. Tintín, su fiel perro Milú y el capitán Haddock unirán sus fuerzas para encontrar otras dos maquetas del mismo barco, que esconden en su interior otros tantos pergaminos, y que unidos al primero revelarán el secreto del Unicornio, relacionado tanto con el propio Haddock como con Ivanovich Sakharine, misterioso personaje que se erigirá en el villano de la función.






Felizmente respaldada por una notable asistencia del público a las salas en su primera semana de exhibición (1), la primera entrega (de una más que probable trilogía) de Las aventuras de Tintín deviene una cinta espectacular en el plano visual, pero ciertamente discutible en el desarrollo narrativo del relato de aventuras que propone. El film de Steven Spielberg y Peter Jackson contiene algunos de los aciertos del cine del primero, pero también no pocos de sus defectos, siendo estos últimos muy similares también a los que afectan habitualmente al cine del neozelandés, resultando a este respecto especialmente significativos para el decepcionante resultado global que presenta Las aventuras de Tintín: 1) la insistencia, compartida por ambos cineastas, por anteponer la efectividad de cada secuencia del film por separado a la solidez narrativa del conjunto; y 2) la absurda impostura ("forzada" por los imperativos comerciales) de convertir el cine de acción en una ininterrumpida acumulación de escenas espectaculares, que no ofrezcan tregua a los ojos del espectador aunque acaben resultando verdaderamente cansinas para este, pero que permiten, eso sí, un auténtico despliegue de virtuosismo tecnológico. De todo ello hablo más ampliamente en el siguiente enlace:



(1) Según se indica en el siguiente enlace, Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio ya lleva amasados, solo en España, cerca de 15 millones de euros, aumentando de ese modo el rendimiento global de la taquilla, que actualmente anda bastante de capa caída, y optando seriamente al puesto de film más taquillero del año, por lo menos en nuestro país. La recaudación de las próximas semanas demostrará si esto es efectivamente así o no.


jueves, 3 de noviembre de 2011

EVA (2011, KIKE MAÍLLO)

Título Original: Eva
Año: 2011
Nacionalidad: España
Duración: 94 min.
Director: Kike Maíllo
Guión: Sergi Belbel, Cristina Clemente, Martí Roca, Aintza Serra
Actores: Daniel Brühl, Marta Etura, Alberto Ammann, Lluís Homar, Clàudia Vega, Anne Canovas


Sinopsis (facilitada por la distribuidora): En un futuro próximo en el que los seres humanos viven junto a criaturas mecánicas, Alex, un reputado ingeniero cibernético, regresa a Santa Irene con el encargo específico de la Facultad de Robótica de crear un niño robot. En estos diez años de ausencia, la vida ha seguido su curso para su hermano David y para Lana que, tras la marcha de Alex, rehízo su vida. La rutina de Alex se verá alterada de forma inesperada por Eva, la hija de Lana y David, una niña especial y magnética, que desde el primer momento establece una relación de complicidad con Alex. Juntos emprenderán un viaje que les precipitará a un final revelador.



El realizador Kike Maíllo, en un momento del rodaje de Eva





El reciente estreno en cines de Eva, tras la buena acogida del film en el último Festival de Sitges, supone una buena noticia para los amantes del cine de ciencia-ficción, pues el debut en el terreno del largometraje de Kike Maíllo, formado como realizador en la ESCAC (Escola Superior de Cinema y Audiovisuals de Catalunya), supone una atractiva aunque no del todo lograda incursión en el género, mucho más centrada, eso sí, en la vertiente emocional y intimista de la historia que en la habitual y espectacular recreación visual de un mundo futuro. A Maíllo le interesa especialmente la idea de la emulación, "que no importe tanto si lo que uno tiene delante es un ser humano o no, sino si la emulación es buena". Con esta premisa, evidentemente, el cineasta pisa el mismo terreno hollado antes por obras literarias del calibre del inmortal Frankenstein, de Mary Shelley, o la excelente La Eva futura, de Villiers de L´Isle Adam, y también, por supuesto, por films como Inteligencia Artificial. Mi opinión acerca del film se encuentra en el siguiente enlace: